Artistas callejeros Aguilar de Campoo

Artistas callejeros Aguilar de Campoo

Encuentro Internacional de artistas callejeros de Aguilar de Campoo

Denominado ARCA cumple ya 25 años desde su inicio. Este año tendrá lugar entre los días 16 y 18 del mes de Agosto.

Doce grupos de artistas y uno de caricaturistas de Castilla y León, tambien la formación local de Bazucada Samba Soom y Lala.

Todos ellos formarán parte de este festival único en su género dentro de la provincia de Palencia.

Organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Aguilar de Campoo.



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AGUILAR DE CAMPO Y TIERRAS DE VALDAVIA.

Aguilar de Campoo.

La actual villa de Aguilar de Campoo renace, a finales del siglo IX, sobre las ruinas de una población arrasada por los árabes. Descubiertas bajo la maleza por un personaje, entre lo real y lo legendario, llamado Elpidio o Alpidio. El abad Opila, hermano de Elpidio, prendado de la hermosura del lugar, fundó allí el monasterio de Santa María, a cuya sombra crece una hermosa villa que pronto es disputada por reyes y grandes señores. Alfonso VIII la enriqueció y Alfonso X la hizo suya mediante compras, permutas y otras muchas operaciones que demuestran el alto interés del rey sabio por este lugar. Los Reyes Católicos la elevaron a marquesado.

Las riquezas históricas

Aguilar es un emporio de riquezas históricas, paisajísticas, artísticas y urbanas. La propia villa, pese al impulso debido a su próspero complejo fabril conserva una entidad propia. Afianzada en una arquitectura civil, que conserva todo su sabor noble y antañón en innumerables casas y casonas. Destacamos la de los marqueses de Aguilar en la plaza, el palacio de los Castañeda, en un bellísimo paraje a la orilla del Pisuerga. La casa de los Velarde, cuyo escudo lleva la llamativa leyenda: Este es Velarde, que la serpiente mató y con la infanta casó.

El casco urbano de la villa

El trazado recuerda la importancia medieval de la villa, apenas forzado en la Edad Moderna en la plaza mayor. Al encanto de este lugar contribuyen la geografía, los monumentos que se exhiben de forma que constituyen parte del paisaje o entidades propias significadas. Un Pisuerga ya caudaloso, pero todavía cristalino, que se ciñe al caserío con sombreadas riberas, después de abandonar el inmediato embalse.

Se conserva en buen estado algunos paños de la muralla y varias de sus puertas. La Puerta de Reinosa, es una de las más interesantes, conserva buenos escudos y una enigmática inscripción hebraica. Esta puerta recuerda el esplendor y riqueza de la villa, dónde también contribuyó la judería, de la misma manera que en Villada, Baltanás, Amusco y otras villas de la provincia.

EN TORNO AL EMBALSE DE AGUILAR.

La ermita de Santa Eulalia de Barrio de Santa María.

Es el prototipo del románico rural palentino. Iglesia de modestas pero graciosas proporciones y escasas pero muy cuidadas galas. Emana un  encanto ingenuo y natural.  Es de una sola nave con ábside semicircular y portada lateral. Como tantas otras de parecidas proporciones (Vallespinoso, Revilla de Santullán, Villanueva del Río, Cubillo, etc.). Santa Eulalia se distingue de la mayoría de los templos de su misma planta porque recibe la luz natural por las tres ventanas del ábside . Su ábside, más estrecho que la nave, como el de San Pelayo, da la incierta impresión de que se ha adosado a la nave y no la de haberse construido con ella.

El ábside es una joya. Unas sencillas impostas, dos columnas apoyadas en desigual plinto, porque la ermita se alza en ladera, tres elegantes ventanas y unos canecillos de proa de nave hacen el milagro, al que ayuda el luminoso color dorado de la piedra.

En el interior tiene aún más gracia. Todo está orientado a resaltar la importancia del diminuto ábside. Hay tres niveles ascendentes en el suelo, que culminan en él, y el cuerpo de la nave, con sus arcos y columnas, todo muy bonito y bien rematado, se va estrechando insensiblemente, de manera que parece un tránsito que conduce a la luz que penetra por las saeteras.

Las pinturas

Todo el interior de la ermita estuvo en tiempos cubierto de pinturas. En la actualidad solamente las del ábside y muros del presbiterio pueden admirarse como una reliquia de la escasas pintura románica, pues la mayoría de las iglesias románicas que conservan frescos contienen pinturas góticas. Solamente San Pelayo de Perazancas y Santa Eulalia son de la cultura románica. Las de Santa Eulalia corresponden al siglo XII, para unos, y al XIII para otros.

En el cascarón del ábside hubo un pantocrátor al que, según García Guinea, no acompañarían más que el león, bien visible, y el toro, apenas insinuado, porque no queda espacio para los otros dos tetramorfos.

Las pinturas más interesantes, sin embargo, son las que reflejan, por un lado la caída de las almas a los infiernos y por otro la salvación de los justos, éstas últimas deterioradas.

Barrio de Santa María cuenta, además, con una interesante iglesia parroquial donde se conjugan el románico y el gótico junto una exquisita portada plateresca. El templo tiene cosas interesantes como una pintura mural de la Asunción y, sobre todo, un retablo con relieves de mérito y una bella talla de la Asunción, así como una virgen sedente, en el altar de la epístola.

Santa Cecilia de Vallespinoso de Aguilar.

Se dice, es un milagro natural del paisaje, como si hubiese brotado, hecha de la peña que la asienta. Y hay razones para creerlo así, porque falta esa documentación histórica de donaciones y asignaciones testamentarias que nos permite saber, al menos, que el templo existía y contaba en un remoto pasado. La presencia de signos lapidarios de los canteros que la levantaron nos asegura que no es un milagro, aunque merecía serlo y sería bonito que lo fuera.

El templo está en la línea del anterior, en cuanto que es de una nave, con ábside y de pequeñas    dimensiones (20 x 10 metros) pero tiene un carácter muy distinto, que comienza en su localización, continúa en el color de la piedra y se define en la torre guerrera. Es, pues, una de los cien templos fortalezas que encontramos en San Miguel de Palencia, en Santoyo y en otros muchos lugares.

Contrasta, también, la ostentosa riqueza de labra de Vallespinoso con la elegante sencillez de Santa Eulalia. Los canecillos son aquí de formas cambiantes, con temas vegetales, zoo y antropomorfos. Los capiteles de la portada, que a cada lado forman un solo cuerpo a manera de banda o frisos, que se prolongan más allá de las columnas invadiendo el muro. Desgraciadamente toda esta interesante riqueza se halla bastante deteriorada, no sólo por la acción del tiempo. Los capiteles interiores, bien conservados, son espléndidos.